Lo
que cuenta en los pensamientos de los hombres no es tanto
lo que han pensado, sino lo no-pensado, que desde el comienzo
del juego los sistematíza, haciéndolos para el resto del
tiempo indefinidamente accesibles al lenguaje y abiertos
a la tarea de pensarlos de nuevo.
Michel Foucault, El nacimiento de la clínica
Alvaro
Acevedo Tarazona
Historiador. MSc Historia
Universidad Autónoma de Bucaramanga
Correspondencia:
Alvaro Acevedo Tarazona
Universidad Autónoma de Bucaramanga
A.A 1642
EL PANORAMA
ACTUAL DE LA PROFESIONALIZACIÓN
Si se tratara
de encontrar el origen de la enfermería como el conjunto de reglas
prácticas y principios abstraídos de la aplicación, muy seguramente
la historia de la enfermería se encontraría asociada a tiempos y
sociedades tan antiguos como la historia de la cultura, pues ¿acaso,
qué sociedad no ha buscado continuar y reproducir la vida? O es
así, o se trataría de una inoportuna delimitación intentar hacer
una historia de la enfermería sólo asociada a su práctica institucional
desde el siglo pasado cuando surgieron los primeros centros de instrucción
de cuidados de enfermería (las Diaconisas de Kaiserwerth, 1826;
la Escuela Nightingale, 1840). También sería una labor inútil tratar
de encontrar el tránsito de la práctica a la teoría de la enfermería
o viceversa, ya que la mejor práctica es toda aquella realización
de un fin pensado con principios de abstracción y universalidad
1.
Pero ni se
ha hecho la historia de la enfermería ni se ha logrado establecer
un campo de reflexión propio de su quehacer, pese a que la literatura
sobre sus orígenes y herencias se esclarece cada vez más, y a que
se reconoce a la enfermería en un proceso de construcción científica
2.
Tal vez el
campo de reflexión profesional de enfermería es en el cual se ha
avanzado mejor y en el que se habla con propiedad tal, que estudios
como el de Marie FranVoise Colliére, Promover la vida 3,
o de Ana Luisa Velandia, Historia de la Enfermería en Colombia
4, se encuentran a la altura de los mejores estudios
sobre profesiones.
En este sentido,
por decir algo, enfermería tiene claro que su desenvolvimiento profesional
no atañe sólo al enfermo sino al cuidado como desarrollo de la vida,
prevención de la enfermedad y fomento de la salud; además que el
sentido clerical fue la matriz histórica de la cual se desprendió
no sólo su profesión sino todas las profesiones modernas, pues profesión
se aplica a un individuo que abiertamente profesa lo que cree y
que promueve el aprendizaje de aquello en lo que cree.
De igual
manera se comprende que antes de Florence Nightingale, la enfermería
se había basado en una idea de arte y no propiamente de ciencia,
no porque la enfermerfa hubiese sido incapaz de pensarse a sí misma
hasta antes del siglo XIX, sino porque cabe recordar que el concepto
moderno de profesión unido a un desarrollo tecnológico (aplicación
cultural de la técnica) y en un estrecho contacto con los desarrollos
científicos sólo alcanzó validez con la Revolución Industrial, que
hizo de la productividad el fin en sí mismo y de la técnica el medio
para llegar a éste. De ahí que la técnica hará dependiente a la
enfermería, durante más de un siglo, de la enfermedad y de la medicina,
hasta el punto que en lugar de darse un
acercamiento
entre profesión y ciencia se dio un acercamiento entre profesión
y oficio, ya que a la enfermería se le indujo a utilizar cada vez
más los instrumentos con el propósito de hacer creíble a amplios
sectores de la sociedad la regresión progresiva de la morbidez y
de la mortalidad provocada por las enfermedades epidémicas y el
proceso creciente de la concentración urbana e industrial.
Este matrimonio
de la profesión, entendida como la familiaridad con un cuerpo abstracto
de conocimientos, con el oficio, entendido corno las habilidades
prácticas que surgen de una rutina laboral, en enfermería no puede
tampoco dejar de estudiarse en el contexto de una etapa de la humanidad
en la cual el sentido del progreso afirmó su dimensión, más que
en la industrialización, en la liberación del hombre, de la sociedad,
de la enfermedad. Cabe pensar que la primera experiencia de decencia
humana que pudo experimentar una familia de escasas condiciones
económicas con la ropa interior de algodón y el jabón se constituyeron
en símbolos de aplicaciones técnicas de un valor nunca antes conocido.
No es por
ello tampoco difícil pensar que en ese momento no sólo la enfermería
sino las demás profesiones tuvieron un gran acercamiento con los
oficios que mejoraban las técnicas y, con éstas, su aplicación social.
En este sentido, dice Bronowsky : "Es probable que las camas
de armazón de hierro salvasen a más mujeres de la fiebre de parto
que el maletín negro del médico, que en sí mismo constituía una
innovación médica" 5 . De la misma manera, Juana
Hernández Conesa reafirma esta idea cuando dice que el arte de
curar vio consagrado su prestigio frente al arte de cuidar
que quedó relevado, durante más de un siglo, a tareas (oficios)
de los avances de la cirugía, la obstetricia, el higienismo, entre
otros 2.
Esta identificación
de la enfermería con la técnica, el enfermo y derivada de los avances
de la medicina fue lo que hizo que su desarrollo profesional se
fuera identificando cada vez más con el rol, es decir con la expresión
de la función pero no con el contenido mismo de la función. De manera
que al rol moral (mujer condenada, mujer consagrada) con el cual
siempre se le había identificado a la enfermería hasta el proceso
de su institucionalización en el siglo XIX vino un segundo momento
de identificación con el rol técnico (división del cuerpo enfermo
y saturación del tiempo) y el rol auxiliar del médico (instrumentos
de exploración o diagnóstico médico e instrumentos de curación o
tratamiento que intervienen en la terapéutica).
Pero además
del rol, la filiación religiosa matrilineal y médica patrilíneal,
hizo que la identidad de la enfermería, con un contenido propio
de su profesión, se hiciera más complejo de aprehender, pese a que
su función social exigiera rigurosidad científica y que su desenvolvimiento
profesional jugase un papel importante en el proceso de la salud,
en una etapa - como se ha dicho -, en la cual por
primera vez
se podía traducir en su verdadero significado el tan fomentado progreso
social en términos de una mayor cobertura de cuidados y de servicios
de salubridad pública nunca antes conocidos por sectores sociales
marginados.
De igual
manera, el paso de las "Luces" al siglo XIX permíte asistir
al nuevo espacio de la experiencia que se identifica con las formas
de la percepción del cuerpo, pese a su fragmentación, y de la mirada
atenta abierta a la evidencia de los contenidos visibles. Es decir,
el encuentro, por primera vez, con la posibilidad de una experiencia
clínica en la cual "el objeto del discurso (racional)
puede ser así un sujeto, sin que las figuras de la objetividad,
sean, por ello mismo, modificadas" 6.
Sin embargo,
sería la racionalidad instrumental la que primaría sobre la mirada
de una racionalidad científica que no estuvo dispuesta a pensarse
de nuevo, y que derivó hacia un proceso de institucionalización
profesionalizante en continua fragmentación y masificación. Esta
es la situación de la mayoría de profesiones modernas, que en el
caso de enfermería sabe que hoy debe propender por demarcarse de
la influencia médica, adquirir el sello de una formación profesional,
adpotar la imagen de marca de la investigación y ocupar un mercado
laboral, conocido como "penuria", que le permita afirmar
la identidad de¡ servicio frente a la población.
Pero, ¿cómo
pasar de esta identidad profesional forjada a partir del rol moral
y el rol técnico a una nueva afirmada por el servicio que presta
a la población: los cuidados de enfermería que permiten que la vida
continúe y se reproduzca? Es claro que este cuestionamiento debe
promover una reflexión más allá del rol hacia la construcción científica
y disciplinar del saber, así como hacia las condiciones históricas
de su desarrollo profesional.
EL ESTADO
DE LA REFLEXIÓN CIENTÍFICO DISCIPLINAR: LOS CUIDADOS DE ENFERMERÍA
Tal como
lo considera Marie FranVoise Colliére, entender la enfermería como
los cuidados de enfermería se convierte en un tema de carácter
universal y multidimensional, aunque se singularice en cada cultura;
es un tema en el que se entrecruzan saberes, poderes y decisiones,
puede ser asociado a la aplicación técnica y es implícito porque
se relaciona con hábitos de vida, creencias y valores 3.
Por tal razón,
el cuidado es un tema que demanda de una reflexión disciplinar,
es decir, que además de reconocer la necesidad del carácter científico
constitutivo del mismo, la explicación de fenómenos relacionados
con el cuidado, necesitaría de una reflexión acerca del lenguaje
con el que se construyen dichas explicaciones de los fenómenos relacionadas
con el cuidado, o sea, la reflexión disciplinar.
El
cuidado, además, no sólo puede ser una cosa objetiva de estudio,
es también una cualidad implícita a la cultura que se expresa en
el individuo, la familia y la sociedad. De manera que la designación
de la palabra cuidado debe ser entendida en esa característica
bifronte que el lenguaje proporciona y en la cual la palabra siempre
tiene el peligroso privilegio de mostrar y ocultar a la vez, e incluso
de ser substituida indefinidamente por ella misma. Lo que quiere
decir que la taxonomía, en este caso de la palabra cuidado, debe
ser reconocida dentro de categorías compartidas y relaciones compartidas
entre dichas categorías por las comunidades de investigación. Es
decir, buscar las invariantes de la traducción compartidas por una
comunidad o las diferencias 7, pero en suma, poner el
dedo en la llaga. Tarea por demás difícil, ya que se puede caer
en un excesivo prurito de la teoría sin bases de construcción científica
o en una excesiva cientificidad que puede entorpecer el mismo ejercicio
cognoscitivo, de la misma manera que la obesesión por la gramática
puede entorpecer las actuaciones del habla 8.
Esta
característica bifronte del lenguaje, cuando se trata de abrir una
actividad cognoscitiva, hace que los cuidados sólo tengan significado
por lo que representan en el seno de un entorno social y según la
actividad teórica y tecnológica que se despliegue. Una realidad
puede ser ordenada de muy diversas maneras según la actividad teórica
que se desarrolle en el ejercicio cognoscitivo, pero la calidad
de la teoría se mide por su potencial heurística, es decir, por
su capacidad de ser aplicada a nuevos universos, a nuevos sistemas,
que de este modo se convierten en modelos de la teoría. Lo cual
quiere decir que cuando algo es un modelo de la teoría, ese algo,
el modelo, es una teoría que interpreta una realidad concreta.
La
teoría del cuidado de enfermería de Nightingale, por ejemplo, que,
en síntesis, considera el cuidado de enfermería como una modificación
del entorno social y de las instituciones, adquiere un gran potencial
heurística en la medida que logre aplicar sus presupuestos teóricos
como modelos, puesto que las condiciones reales, concretas, del
entorno social y de las instituciones no son idénticas en todas
partes. A estos modelos son lo que se le llamarían investigaciones
científico constitutivas y la contrastación de los mismos investigaciones
disciplinaras.
Un
modelo además de ser la aplicación teórica a una realidad concreta,
está en continuo cambio cuando se trata de estudios de realidades
sociales, como en el caso de enfermería o profesiones relacionadas
con las ciencias sociales. De ahí que un modelo también debe reconocer
las condiciones históricas y políticas en las cuales se aplica.
Este fue el caso del modelo de salud que se aplicó en el país en
los años sesentas, que era parte integral de un proyecto tecnológico
avalado por el sistema universitario profesionalizante con propósitos
de beneficio social.
EL
MODELO PROFESIONALIZANTE DE ENFERMERÍA EN SALUD PÚBLICA EN LA UIS
El
proyecto tecnológico, profesional y universitario que se expresó
en la División de Ciencias de la Salud de la UIS, nació a partir
de un modelo avalado por un sistema universitario en el cual la
tecnología no se asumió como aprehensión del universo en el cual
la ciencia de ese momento se desenvolvía, sino como separada de
ella hasta el punto que los conocimientos de aprendizaje se centraron
en el aparato técnico de producción mediante una simplificación
exagerada del aprendizaje científico en pos de la industrialización,
en el caso de las ingenierías (1948), y de solución a los problemas
de salud pública, en el caso de la División de Ciencias de la Salud
(1967) que nació con las carreras de Medicina, Enfermería, Fisioterapia,
Laboratorio Clínico y Nutrición y Dietética.
Nació
así la División de Ciencias de la Salud de la UIS como una prolongación
del proyecto técnico profesional en ingenierías y atendiendo a los
presupuestos de un modelo universitario para toda América Latina,
definido por las políticas norteamericanas, que entendía la educación
como el mejor y más económico punto de partida para cualquier cambio
sin traumatismos sociales, caso que no había ocurrido en Cuba y,
muy seguramente, en otras regiones de América Latina si no se atendían
prontamente con estrategias de redención social. De ahí el nombre
de División de Ciencias de la Salud con el cual nacieron varias
Facultades en los años sesentas en el país, porque más que Facultades
dedicadas a formar médicos y a organizar carreras de medicina, eran
Facultades que abarcaban un conjunto de carreras profesionales o
tecnologías de¡ área de la salud con el fin de orientarse a la prevención
9 y al cubrimiento de una demanda acuciosa 1, como así lo recomendara,
en 1953, el informe de la Misión de la Universidad de Tulane, solicitado
por la Universidad Nacional, y el cual planteó cinco presupuestos
para la creación de la escuelas de medicina en Colombia: mejoramiento
de la salud pública y formación de médicos competentes, preparación
de jóvenes médicos que se dedicaran a la enseñanza o que se especializaran,
desarrollo de la investigación, cuidado del paciente en hospitales
y educación de la comunidad en salud pública y demás aspectos médicos
10.
Tales
recomendaciones, en realidad, mostraban la sentida necesidad de
desarrollar un modelo de salud pública dependiente de la medicina
y sin posibilidades de un desarrollo propio de aquellas carreras
de la salud que "ayudaban al médico".
De
otra parte, la visión instrumental y de ocupación técnica laboral
con la cual se concibió dicho proyecto hizo que tanto estas carreras
que "ayudaban al médico" como enfermería, se desarrollaran
en un estricto marco de orientación tecnológica sin posibilidades
de una reflexión científica y disciplinar del quehacer y del ser
profesional.
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