Norma Cecilia Serrano
MD. MSc Genética Humana
Docente Área Ciencias Básicas Facultad de Medicina, Universidad Autónoma
de Bucaramanga, UNAB
María Eugenia Cárdenas
Bcs. , MSc Microbiología
Docente Área Ciencias Básicas Facultad de Medicina, Universidad
Autónoma de Bucaramanga, UNAB
Correspondencia:
Dra. Norma Serrano
Universidad Autónoma de Bucaramanga UNAB
Facultad de Medicina. AA: 1642
GENERALIDADES Y CARACTERÍSTICAS EPIDEMIOLÓGICAS
DE LA ENFERMEDAD
La toxoplasmosis es una zoonosis parasitaria causada
por el protozoario Toxopiasma gondii, descrito por Nícolle y Manceaux
en 1908, cuando lo aislaron de órganos internos de un roedor existente
en el Norte de Africa, el Ctenodactylus gundi 1. El parásito
es un organismo intracelular obligado, con capacidad de afectar
cualquier tipo celular de los vertebrados, exceptuando los glóbulos
rojos, e incluso, es capaz de ser albergado por algunos invertebrados
como la lombriz de tierra, actuando en ella como huésped paraténico.
La incidencia de la infección primaria durante el embarazo varía
ampliamente de país a país, y promedia entre menos del 1 hasta más
de 15 por 1.000 embarazos 2, con una transmisión al feto
en menos de un 1 % de los casos 3,1, cifra que aunque
baja, puede causarle muy serios problemas 1,5.
Actualmente en Colombia se estima que de 2 a 10
de cada 1000 nacidos vivos sufren toxoplasmosis congénita, constituyéndose
en una de las tres primeras causas de infección prenatal, con serias
complicaciones neurológicas y oftalmológicas 6,7.
Con base en diversos estudios serológicos, se ha
estimado que al menos una tercera parte de la población adulta,
ha sido infectada con el parásito 3,11, por lo tanto alrededor de
1.000 a 2.000 millones de personas se hallan infectadas, cifra que
la convierte en una de las enfermedades parasitarias más prevalentes
9.
La enfermedad está ampliamente distribuida a lo
largo del mundo, con variaciones, que al parecer dependen de las
condiciones ambientales, hábitos culturales y especies animales
con las que se convive. En zonas frías y secas, la prevalencia es
más bien baja, diferente de lo que ocurre en zonas húmedas y cálidas
10, como nuestro país, ubicado en zona tropical. En estas
últimas condiciones cismáticas los ooquistes del T gondii resisten
los factores ambientales por meses y aún por años. Como ejemplo
de aspectos geográficos, un factor que limita las poblaciones de
los gatos, importantes transmisores de la enfermedad, sería la altitud
11, pues en clima frío estos tienden a ser menos numerosos.
Por otro lado factores culturales relacionados con la alimentación,
como el consumo de carnes de cerdo y ganado vacuno cocidas inadecuadamente,
aumentan la probabilidad de infección humana, como sucede con mayor
frecuencia en Oriente Medio y en áreas específicas de Alemania 12.
En Colombia, el estudio más completo sobre prevalencia
de la enfermedad fue publicado en 1988, por la Asociación Colombiana
de Facultades de Medicina y el Ministerio de Salud, arrojando un
resultado de seropositividad del 47.1% de la población, valor que
aumenta con la edad 13. En Centro y Sudamérica Tropical se ha observado
que la aparición de anticuerpos inicia a los pocos años de edad,
y va aumentando constantemente durante los 10 a 25 años, para llegar
finalmente al establecimiento de una meseta que se mantiene a través
del tiempo, y esto se encuentra relacionado con la infección por
ooquistes en niños y adultos jóvenes 14, ya que los gatos
de estas áreas son silvestres y defecan al aire libre. Este factor
determina la permanencia de focos de infección, fuente principal
de contaminación temprana para los niños que comúnmente juegan en
este medio.
La infección postnatal puede ocurrir mediante dos
formas principales: ingiriendo alimentos contaminados con ooquistes
del parásito presentes en heces del gato, o mediante la ingesta
de quistes tisulares presentes en las carnes mal cocidas de animales
contaminados 10,12,15,16.
El papel del gato en la transmisión es indiscutible
tanto en la epizootiología como en la epidemiología de la toxopiasmosis.
Se han realizado estudios en diversos países de seropositividad
del gato, mostrando que alrededor del 64% son seropositivos, pero
sólo un 1% excretan quistes, considerando que el gato generalmente
solo excreta millones de ooquistes una vez en su vida y generalmente
lo hace cuando es joven 17,18. El gato doméstico y algunos
félidos salvajes se constituyen en el único huésped definitivo del
parásito, y posiblemente más de 220 especies de animales, entre
los que se encuentran aves, mamíferos, herbívoros y el hombre, le
sirven como huéspedes intermediarios.
Las modificaciones en los hábitos alimenticios
y de higiene, así como una buena información dada a los pacientes
en riesgo, podrían prevenir las dos fuentes principales de contaminación
toxoplásmica, los ooquistes y los quistes tisulares (prevención
primaria) 10.
ESTRUCTURA Y CICLO DE VIDA DEL PARÁSITO
T gondii es una protozoario ubicuo, del orden Coccidia,
subfamilia Toxopiasmatinae, familia Sarcocystidae, phyium Apicomplexa,
que se caracteriza por poseer en el huésped intermediario (donde
lleva cabo la fase asexual de su ciclo), una fase de multiplicación
rápida (taquizoito), por fuera de los tejidos, y otra de multiplicación
lenta (bradizoito), que se enquista en los tejidos del vertebrado.
El taquizoito, organismo que se divide por un proceso
denominado endodiogenia, es descrito como una estructura semilunar
(Fig. l), que mide entre 3 y 6 mm de longitud y 2 mm de ancho, con
un polo anterior conoide, una cara convexa y la otra cóncava. Estas
formas pueden ser observadas en líquidos corporales del hospedero
tales como sangre, y si se tiñen con Giemsa, se les observa un gran
núcleo rosado de ubicación central cargado hacia el polo más ancho,
con un citoplasma azul.

Figura 1. Microfotografía electrónica de
un Taquizolto intracelular. C: conoide; pv: vacuola parasitófora;
r: rhoptrias; n: núcleo; m: micronema; dg: gránulos densos3
El quiste (Fig. 2), es una estructura que se forma
en cualquier tejido del huésped intermediario, y provienen de una
conversión de taquizoitos en formas lentamente replicativas que
se recubren de una pared densa, aunque fina y bien delimitada, propia
del parásito, como respuesta al sistema de defensa que se ha activado.
Estos quistes, fuertemente argirófilos, y PAS positivo, pueden contener
hasta 3000 bradizoitos, medir hasta 250 mm, y romperse en cualquier
caso de inmunodepresión severa para reactivar la enfermedad, como
ocurre en la actualidad en los pacientes HIV positivos 3.

Figura 2. Quiste tisular de E Gondíl (Tomado
de la Revista Microbiología Médica, 1997; 469-71.)
Adicionalmente, el T gondii posee una fase sexual
en su ciclo, que se lleva a cabo en el huésped definitivo (gato
y otros félidos), a partir de la cual se da origen al obquiste (Fig.
3), excretado con las heces de¡ félido. Estos ooquistes miden aproximadamente
10-12 mm, salen en forma inmadura y se hacen infectantes (fase de
esporogonia) en las condiciones cismáticas descritas inicialmente,
en 2-5 días 3,10. Cada ooquiste, ya esporulado, se observa como
una estructura transiúcida, recubierto por una fina pared, que contiene
dos esporoquistes en su interior, cada uno de los cuales a su vez
posee cuatro esporozoitos.

Figura 3. Ooquiste no esporulado de t gondii
en heces de gato (Tomado de la Revista Parasitología Médica 1997:26579)
El ciclo de vida de T gondií (Fig. 4), fue descrito
por Frenkel y cois en 1970, ellos describieron a los felinos, y
en particular al gato doméstico, como huéspedes definitivos del
parásito, debido a la presencia de los ooquistes en sus heces. De
esta manera, el gato se constituye en un hospedero perfecto para
el parásito, pues también puede hacer las veces de huésped intermediario.
Como se ha descrito, el ciclo consta de etapas tisulares (esquizogonia)
y una etapa en el epitelio intestinal (etapa enteroepitelial, o
gametogonia), que sólo ocurren en el gato. Los gatos adquieren el
T gondii, por la ingesta de cualquiera de sus tres estadios ya descritos,
y a partir de ellos rápidamente se lleva a cabo la fase enteroepitelial
(esquizogonia y gametogonia), para excretar por las heces los ooquistes,
forma que permite comprobar la exitosa infección de¡ gato3. Este
período prepatente varía un poco de acuerdo con la forma infectante
que haya ingerido el felino 15.

Figura 4. Ciclo de vida del T gondií. 1. Huésped definitivo
(gato); 2. Ooquiste no esporulado en heces de gato; 3. Quiste ingerido
por el gato; 4. Quiste en huesped intermedio; 5. Quiste ingerido
porel hombre; 6. Taquizoito transmitidoatravésde la placenta; 7.
Feto infectado; 8. Alimento y agua contarninada; 9. Huésped intermediario;
10. Ooquiste esporulado; 1 1. Ooquiste en agua y tierra; 12. lngesta
por huésped intermediario 3.
El hombre adquiere la infección con las diversas formas del parásito,
y las rutas de transmisión incluyen: la vía oral (bradizoitos y
ooquistes), transpiacentaria (taquizoitos), y menos frecuentemente
por vía sanguínea (taquizoitos) o transplante de órganos (taquizoitos
y/o bradizoitos). A partir de cualquiera de las formas morfológicas
infectantes, cuando se adquiere por vía oral, una vez penetran células
epiteliales y lámina propia del intestino, se convierten en taquizoitos,
y en pocas horas se diseminan a los tejidos extraintestinales a
través de las rutas sanguínea y linfática. Esta forma se interioriza
en cualquier tipo celular del hospedero intermedio, dentro de la
cual se multiplica activamente hasta destruirla, liberando más formas
de éstas, para ir a invadir nuevas células. Este ciclo se repite
y puede resultar en focos de necrosis. Cuando el individuo se sobrepone
a esta fase, y ha montado una repuesta inmune, el parásito ya se
ha convertido en su forma latente de bradizoito, contenido en un
verdadero quiste tisular, el cual se forma de preferencia en órganos
como hígado, cerebro, músculo y retina.
INMUNIDAD HUMORAL FRENTE A LA INFECCIÓN
La respuesta inmunológica del hospedero inmunocompetente a T gondii
se desarrolla de manera secuencial a partir de las diferentes inmunogiobulinas
así 9:
IgM: Es la primera en aparecer ontogénicamente. Puede ser detectada
dentro de las dos primeras semanas de haberse producido la infección;
su vida media oscila entre cinco días y cuatro semanas y en un 5%
de los pacientes puede persistir positiva hasta por tres años, motivo
por el cual el diagnóstico de infección activa en la paciente embarazada
es en ocasiones difícil. Por lo tanto los títulos de IgM elevados
nos indican en la gran mayoría de las veces, aunque no siempre,
que estamos frente a una toxoplasmosis en fase aguda.
IgG: Aparece una o dos semanas después de la primoinfección, y
alcanza su pico máximo entre la sexta y octava semana. Los niveles
de IgG luego decrecen gradualmente a títulos relativamente bajos,
los cuales persisten durante toda la vida, lo que nos indica que
si detectamos títulos de IgG estables, estamos frente a una toxoplasmosis
latente, antigua o que ya hubo una infección superada. La IgG en
niños menores de un año, no puede ser distinguida de anticuerpos
maternos, los cuales pueden persistir en el niño por varios meses.
IgA: La aparición de la IgA se presenta en fases tempranas de la
infección (alrededor de las dos primeras semanas de haberse infectado),
y su vida media es parecida a la IgM, e incluso puede desaparecer
entre el tercer y noveno mes.
IgE: El tiempo de aparición de la IgE es igual al de la IgA pero
al parecer la vida media es más corta, siendo positiva hasta las
cuatro semanas posteriores a la infección, por lo cual puede ser
útil en el diagnóstico de infección aguda.
Así, para una apropiada interpretación de los títulos de anticuerpos
circulantes, ésta debe hacerse en asocio de varias determinaciones.
Por ejemplo, si se detecta IgM e IgA simultáneamente lo más probable
es que la persona se encuentra en una fase aguda de la infección
(aproximadamente siete días postinfección), lo que permitiría hacer
una mejor evaluación del riesgo en la mujer embarazada 9.
La respuesta inmune específica del recién nacido es caracterizada
por la presencia específica de IgM e IgA, ya que no atraviesan la
placenta como lo hace la IgG. En la ausencia de estimulación antigánica,
el nivel de IgA en el primer año en los niños es solo el 20% del
observado en adultos. Si se encuentran en mayor porcentaje, podría
considerarse como indicio de toxoplasmosis congénita.
DIAGNÓSTICO SEROLÓGICO DE TOXOPLASMOSIS EN LA GESTANTE
Tradicionalmente ha existido controversia en las pruebas serológicas
que se incluyen en el tamizaje de las infecciones maternas, debido
tanto a la variabilidad en las características de sensibilidad y
especificidad de las mismas 2,5, como a la variabilidad
en la respuesta inmunológica de cada persona, que en últimas pueden
llevar a una inadecuada interpretación de resultados. El problema
principal de casi todos los procedimientos serológicos actualmente
utilizados es la estandarización de los antígenos 19.
Existe en el mercado un verdadero mosaico antigénico de los diferentes
antígenos del T gondii, cada uno de los cuales permite la detección
de IgG, IgM, e IgA y que realmente están demostrando una falta de
lenguaje común en el terna.
Un avance importante se ha logrado con la aparición de varios sistemas
específicos de detección, que aún cuando no son infalibles, utilizan
siempre los mismos agentes reactivos y procedimientos por la que
los resultados son comparables entre sí, y por lo tanto es posible
seguir con exactitud los cambios en los títulos de anticuerpos antoxoplasma
para los diferentes isotipos a lo largo de 1 m n e esencial para
el diagnóstico de la toxopiasmosis en la mujer embarazada. Estas
técnicas involucran, por ejemplo, la tradicional detección de IgG
por inmunofluorescencia Indirecta (IFI); y otras como la detección
de IgG, IgM e IgA por diversas formas de Ensayo de lnmunoabsorbancia
ligado a Enzima (ELISA), con una sensibilidad que varía entre un
91 y 98%, dependiendo de los laboratorios que manufacturan las pruebas,
y una especificidad hasta de un 99%; y la técnica de Ensayo de lnmunoabsorción
por aglutinación (ISAGA), para detectar IgM e IgA, (con una sensibilidad
entre 80 y 90% y una especificidad entre 89 y 95%).
De manera ideal el tamizaje con IgG para la detección de pacientes
susceptibles al T gondii debería realizarse en el período preconcepcional.
Esto permite detectar las pacientes que tienen títulos positivos
para IgG, y por lo tanto ya han sufrido la primoinfección antes
del embarazo. Estas, no requerirían del seguimiento con pruebas
de rastreo durante el embarazo a menos que concomitantemente presenten
un estado de inmunosupresión, y corran el riesgo de una reactivación
del parásito.
Idealmente toda gestante sin títulos conocidos de IgG contra T
gondii previos al embarazo, debería someterse a un seguimiento mensual
que permita identificar una seroconversión durante el transcurso
del mismo, y sobre todo determinar el momento de la infección tan
precisamente como sea posible en relación con el inicio del embarazo
19,20,21.
Durante el seguimiento serológico de la gestante se pueden presentar
los siguientes casos:
CASO 1: Niveles de IgG positivos hasta 30OUl/mi por ELISA o hasta
1024 en IFi, con IgM negativa, corresponden en su mayoría a pacientes
con memoria inmunólógica, producto de una infección previa. Si
este resultado es obtenido antes de la semana sexta de gestación
prácticamente excluye la posibilidad de una toxoplasmosis congénita.
Sin embargo no se debe descartar una infección en su inicio inmediato,
o una reactivación de una primo-infección previa.
CASO 2: Niveles de IgG mayores a 300U I/mi por ELISA o superiores
a 1024 en IFi, se pueden relacionar con una infección aguda, para
este caso se debe cuantificar IgM y repetir la IgG a las tres
semanas, sí este título se duplica y la IgM aparece positiva se
confirma la infección activa. Con este esquema positivo podría
considerarse que la infección ocurrió dentro de las 2 semanas
anteriores; sin embargo esto se confirmará solamente ante la evidencia
de la posterior negativización de la IgM que deberá ocurrir en
la infección activa dentro de las dos a cuatro semanas posteriores
a la presencia de este título, o al descenso franco de la IgG
e IgM, o la presencia de IgA e IgE con IgM positiva, en estos
casos se hace necesario e diagnóstico prenatal para confirmar
la infección fetal.
CASO 3: Ausencia de títulos de IgG y presencia de títulos de
IgM, en este caso no es posible concluir sin después del estudio
comparativo de un segundo suero tomado 10 a 20 días más tarde.
La no aparición de 1 IgG a las 3 semanas descarta prácticamente
un infección. Su conversión a positivo, al contrario demuestra
una toxoplasmosis reciente. En cierto casos, la síntesis de IgG
es evidente alrededor de un semana después de una prueba negativa.
En est caso debe descartarse la infección fetal para la instauración
de un tratamiento específico que estaría justificado 21.
CASO 4: Gestante con ausencia de niveles de IgG que no seroconvierte,
se considera que no ha tenido contacto con el parásito, por lo
tanto se debe continua el seguimiento durante el transcurso de
éste, y se le debe instruir en cuanto a la prevención primaria
de la infección; y cualquier título positivo que se detecte se
debe interpretar como una seroconversión y requiere descartar
la infección fetal mediante las técnicas de diagnóstico prenatal
9.
Definitivamente no es fácil establecer el momento exacto de la
seroconversión en la gestante, por tal razón se han implementado
técnicas complementarias que buscan tener una mejor aproximación;
quizás la de mayor utilidad es la prueba de avidez, la cual surgió
para aplicaciones virológicas hace aproximadamente 10 años 22
y más recientemente se ha aplicado a la toxoplasmosis.
Esta prueba consiste en la medición de la avidez de IgG por el
antígeno toxoplásmico, la cual aumenta a medida que envejece la
infección por T gondíi. Por lo tanto, lo que se hace sencillamente
es medir la intensidad de la reacción de ELISA, antes y después
de la acción de un agente disociador (generalmente urea), el cual
tendrá poco efecto en los enlaces antígeno -anticuerpo de mucha
avidez (anticuerpos antiguos de una infección adquirida con mucha
anterioridad), pero tendrá bastante efecto sobre los enlaces con
avidez más débil (lo cual involucro una infección reciente). Entonces
al comparar los resultados obtenidos con y sin disociador, se determinará
el índice de avidez, y entre más reciente sea la infección, el índice
será más bajo. Por supuesto este método no resuelve todas las dificultades
encontradas en la serología de la toxoplasmosis, pero desde un punto
de vista práctico este resultado tendría valor puesto que se evitaría
la administración de tratamientos inútiles. Sobre todo es posible
establecer de manera más certera si la gestante con serología positiva
debido a los altos títulos de IgG o a la presencia de IgM, y posiblemente
de anticuerpos IgA, sí la infección fue adquirida durante el embarazo.
INFECCIÓN FETAL
El feto es susceptible de ser infectado durante
cualquier momento del embarazo, existiendo una relación directamente
proporcional entre la probabilidad de infección y el momento de
la gestación.
Si la transmisión transplacentaria ocurre tempranamente,
durante el primer trimestre resultan afectados entre 12 al 16% de
los fetos expuestos al parásito, esta cifra aumenta al 33 - 50%
durante el segundo trimestre y puede ser mayor al 70% durante el
último trimestre de la gestación.
Por el contrario, la severidad en las alteraciones
del desarrollo fetal será mayor entre más temprano el feto se infecte.
Solo el 10% de los fetos infectados durante el primer trimestre
de la gestación presentan infecciones subclínicas, el 90% restante
presentarán cuadros clínicos severos y variados de manifestaciones
clínicas, que incluyen aborto, reabsorción o el cuadro severo de
toxoplasmosis congénita.
El 40% de las infecciones que ocurren durante el
segundo trimestre son subclínicas, al nacimiento y durante el último
trimestre lo son más del 60%. La infección materna precoz durante
el embarazo rara vez se transmite, pero produce infección fetal
severa; al contrario, la infección materna tardía se transmite frecuentemente,
pero generalmente produce una infección fetal leve o subclínica.
Por lo tanto, aproximadamente el 85% de los niños vivos con infección
congénita son normales al nacer 23.
Las manifestaciones clínicas del feto se pueden
diagnosticar mediante el estudio sonográfico. En la serie más grande
publicada en la literatura, en la cual se estudian 148 infecciones
fetales diagnosticadas en 2030 madres infectadas 24,
se informan las siguientes frecuencias de dilatación ventricular
verificadas por ultrasonido según el momento de la infección materna:
- Antes de semana 16 de gestación: 31 de 52 fetos (60%) tenían
dilatación ventricular cerebral.
- Entre semana 17 y 23: 16 de 63 fetos (25%), tenían dilatación
ventricular cerebral, pero no se encontró ningún caso entre las
madres con seroconversión después de la semana 22.
- Después de semana 24: 1 de 33 fetos con dilatación ventricular.
La dilatación ventricular cerebral, es el signo
más común y característico, de infección fetal, generalmente es
bilateral y simétrica, se presenta primero en la región occipital
antes de comprometer por completo los ventrículos laterales. Su
evolución puede ser muy rápida en un período de pocos días y se
asocia con un mal pronóstico. Otro hallazgo cerebral son las densidades
intracraneales que corresponden a calcificaciones, por lo general
están poco calcificadas en el momento del diagnóstico prenatal y
se demuestran menos frecuentemente que la dilatación ventricular
25.
Otros signos ecográficos que se pueden visualizar
son la inflamación placentaria, compromiso hepático y derrames,
demostrando esto que la toxopiasmosis fetal es una enfermedad multisistémica;
algunos de estos hallazgos pueden ser de tipo transitorio (Tabla
1).
Tabla 1. Signos en 27 fetos infectados con un examen
ecográfico anormal. (Tomado de la Revista Ultrasound Obstet Gynecol
1991;1:242-44)
|
SIGNOS
|
NÚMERO
|
| Lesiones Cerebrales |
|
|
Dilatación ventricular
|
25
|
|
Densidades intracraneales
|
6
|
|
Inflamación Placentaria
|
|
|
Aumento del grosor
|
11
|
|
Aumento de la densidad
|
2
|
|
Lesiones Hepáticas
|
|
|
Densidades intrahepáticas
|
4
|
|
Hepatomegalia
|
2
|
|
Ascitis
|
5
|
| Derrame Pericárdico |
2
|
| Derrame Pleural |
1
|
Los hallazgos sonográficos no son suficientes para
un diagnóstico definitivo de infección fetal, porque los signos
no son patognomónicos de infección toxoplásmica, además su demostración
puede demorarse según la fecha de transmisión, y muchos fetos pueden
no estar severamente afectados; por lo tanto se deben tener otro
tipo de herramientas para hacer el diagnóstico definitivo.
DIAGNÓSTICO PRENATAL
El diagnóstico de la infección fetal se puede realizar
durante el embarazo mediante la recolección de muestras específicas,
por ejemplo líquido amniótico para procedimientos biomoleculares,
o sangre fetal para procedimientos serológicos y biomoleculares
26,27.
En sangre fetal se pueden realizar pruebas inmunológicas
para establecer si hubo o no parasitosis en el feto. En particular
se analizan cifras de IgM e IgA, por ser las inmunogiobulinas que
no atraviesan la barrera fetoplacentaria; pero estas mediciones
pueden alcanzar cifras altas de falsos negativos, ya que solo un
25 a 30% de los fetos infectados son capaces de producir IgM entre
las semanas 20 a 34 de gestación debido a inmadurez de su sistema
inmunológico 21.
La situación es peor aún si se tiene en cuenta
que alrededor de la semana 20 de gestación la sensibilidad de la
detección de IgM en sangre fetal es tan solo del 10%.
Por estas razones se hizo necesario la implementación
de nuevas herramientas diagnosticas, principalmente para la detección
directa del parásito, que puedan ser hechas en etapas tempranas
de la gestación, y que no presente un riesgo para el feto; la prueba
que reúne estas características es la Reacción en Cadena de la Polimerasa
(PCR), en líquido amniótico.
La PCR es una técnica que fue descrita por primera
vez por Mullis y cols en 1986 28, la cual busca amplificar
de manera rápida un gen o un fragmento de éste o de cualquier segmento
del DNA. Para ponerla en práctica, se requiere del conocimiento
de las secuencias de ambos lados de la región del DNA que se desea
amplificar, permitiendo que la región definida entre estos dos extremos
conocidos sea amplificada las veces que se desee. Por lo tanto es
necesario tan solo una copia de DNA de interés para ser detectado,
lo que hace que esta técnica sea extremadamente sensible, pudiendo
revelar la presencia de cantidades diminutas del ADN toxoplásmico.
Esta técnica fue utilizada por primera vez para
el diagnóstico prenatal de toxoplasmosis en 1990; amplificando el
gen Bl del parásito a partir de muestras de líquido amniótico. Aunque
se presentaron reacciones falsas positivas esporádicas, la PCR fue
más sensible que la inoculación en ratones o el cultivo tisular,
e identificó correctamente el Toxoplasma gondii en 8 de las 1 0
muestras de líquido amniótico, en casos comprobados de infección
congénita 29.
En 1994, está técnica fue modificada por Hohifeld
y cols, haciéndola más sensible. Estos investigadores informan datos
sobre 339 muestras consecutivas de líquido amniótico de mujeres
infectadas durante el embarazo. La PCR se dirigió al gen Bl y se
utilizó descontaminación específica para evitar contaminación sobreagregada,
además de un control interno, la secuencia de DNA Ml 3mpl8, para
determinar la sensibilidad de cada muestra. Cada muestra de líquido
amniótico se estudió con esta PCR y fue inoculada en ratón y cultivo
tisular; además se determinó al mismo tiempo IgM en sangre fetal,
la cual también se inoculó en ratones. Se demostró infección congénita
en 34 fetos por métodos convencionales y la PCR fue positiva en
todos los 34 casos. En tres casos adicionales, la PCR fue la única
prueba positiva; la infección congénita fue finalmente confirmada
mediante hallazgos de autopsia en dos casos y por pruebas de seguimiento
serológico del niño, en un caso. No hubo ningún resultado falso
positivo de la PCR 30.
Por lo tanto la demostración de ADN toxoplásmico
en líquido amniótico es una prueba definitiva de infección fetal,
siendo más sensible que las otras pruebas específicas: inoculación
a ratones con líquido amniótico o sangre fetal, determinación de
IgM o IgA en sangre fetal, consideradas por separado o en conjunto.
Otras ventajas adicionales de esta prueba es que
los resultados pueden ser obtenidos con gran rapidez, en 24 horas
posterior a la toma de la muestra. La muestra de líquido amniótico
requerida para el estudio es muy pequeña, entre 3 a 5 cc, esto sumado
a su alta especificidad permite tener la oportunidad de iniciar
un tratamiento específico y de manera oportuna. Además la amniocentesis
es un procedimiento sencillo, ambulatorio, el cual puede ser realizado
a partir de semana 14 de gestación, con riesgos mínimos tanto para
el feto como para la madre 31.
Sin embargo aún con la PCR, algunos casos de infección
fetal no se identifican, probablemente por una transmisión tardía
del Toxoplasma de la placenta al feto. Esto lleva a concluir que
un diagnóstico prenatal negativo no excluye la posibilidad de una
infección congénita y por consiguiente, se enfatiza en la necesidad
de no suspender el seguimiento del feto durante la gestación, y
del niño posterior al nacimiento 32.
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